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Sanos en la Fe: La Lucha contra la Contaminación Doctrinal


Al revisar los escritos del apóstol Pablo en relación con el tema de la fe, encontré un texto dirigido a Tito, donde se lee: “Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe” (Tito 1:13). Al examinar el texto en su idioma original, observé que la palabra que Pablo utiliza para “sano” es ὑγιαίνω (hygiainō), derivada de una raíz que se relaciona con “higiene”. Esto me llamó profundamente la atención, ya que lo que en español se traduce como “sanos en la fe” podría también entenderse como una fe “higiénica”.

Ser sanos en la fe, o una fe higiénica, implica haber desarrollado una fe libre de contaminaciones, el contexto lo confirma. Pablo aconseja a Tito y le dice: “No atendiendo a fábulas judaicas ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad” (Tito 1:14). Con estas palabras, Pablo establece que la fe puede corromperse al aceptar temas doctrinales que se alejan de la Doctrina del Evangelio. Dos versículos más adelante, lo reafirma al señalar: “Se profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables, rebeldes y reprobados para toda buena obra” (Tito 1:16).

Esta instrucción del Espíritu Santo es una advertencia para nosotros: podríamos estar siendo guiados por una fe contaminada, una fe que aunque podría ser aceptada eclesiásticamente, y aun produciéndonos resultados personales, no necesariamente está siguiendo instrucciones del Espíritu Santo. La gravedad de todo esto no se nota de inmediato, sino al final cuando al presentarnos ante el Señor escuchemos “apartaos de mi, obradores de maldad” (Mateo 7:23). Esta semana estudiaremos cómo cultivar una fe sana, pero sobre todo, cómo identificar una fe contaminada, esto con el propósito de hacer los ajustes correspondientes.



Bendiciones,

Pastor Pedro Montoya


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Soy pastor y maestro de la Palabra. Vivimos en tiempos en que la gente se muestra reacia hacia el Evangelio; para muchos, los temas de fe y del Espíritu resultan intrascendentes y los descartan sin más. El mensaje del Evangelio es una invitación a volver a Dios, a confiar en su Palabra y a caminar bajo la guía de su Santo Espíritu. El Evangelio no es una religión; no entramos en el plano de la Voluntad de Dios simplemente practicando ritos creados bajo el consentimiento humano. Es fundamental entender que las reglas las establece Él, no nosotros. Somos conscientes de que Cristo Jesús viene pronto, pero no todos estamos preparados para recibirlo. Debemos recordar que no se trata solamente de estar en el lugar correcto, sino de estar apropiadamente vestidos para su Venida. Él viene por una iglesia sin mancha ni arruga (Efesios 5:27). Las manchas y las arrugas, si no se corrigen a tiempo, podrían impedirnos ser parte de este evento glorioso. Por ello, reconocemos que el tiempo restante antes de su Venida es un período de preparación, que incluye tanto corrección como capacitación.

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