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Plenitud de Conocimiento del Hijo de Dios: Un Estudio Esencial para la Vida de Fe


La Paz del Señor.

En nuestra enseñanza anterior iniciamos una serie de estudios sobre el significado de la perfección en su contexto doctrinal, tomando como base el versículo 13 del capítulo 4 de la epístola a los Efesios, que dice: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. En este versículo, el apóstol Pablo presenta una serie de propósitos. En la primera sesión estudiamos el objetivo de “la unidad de la fe”; ahora, en esta segunda enseñanza, nos enfocaremos en el conocimiento del Hijo de Dios, expresado como “hasta que todos lleguemos al conocimiento del Hijo de Dios”.

Alcanzar el conocimiento del Hijo de Dios equivale a alcanzar la plenitud del conocimiento doctrinal del Evangelio, lo que implica vivir una vida de fe perfecta en Cristo Jesús. Aunque nadie puede comprender plenamente la profundidad del Hijo de Dios, la revelación de su conocimiento, según la voluntad de Dios, nos otorga una autoridad firme contra el reino de las tinieblas y nos capacita para establecer con libertad el Reino de Dios donde Él nos coloque. Por ello, esta segunda enseñanza es crucial para todo creyente que anhela cumplir su voluntad y contribuir a la extensión del Reino de los Cielos en la tierra.



Bendiciones,

Pastores Pedro & Yolanda Montoya


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Soy pastor y maestro de la Palabra. Vivimos en tiempos en que la gente se muestra reacia hacia el Evangelio; para muchos, los temas de fe y del Espíritu resultan intrascendentes y los descartan sin más. El mensaje del Evangelio es una invitación a volver a Dios, a confiar en su Palabra y a caminar bajo la guía de su Santo Espíritu. El Evangelio no es una religión; no entramos en el plano de la Voluntad de Dios simplemente practicando ritos creados bajo el consentimiento humano. Es fundamental entender que las reglas las establece Él, no nosotros. Somos conscientes de que Cristo Jesús viene pronto, pero no todos estamos preparados para recibirlo. Debemos recordar que no se trata solamente de estar en el lugar correcto, sino de estar apropiadamente vestidos para su Venida. Él viene por una iglesia sin mancha ni arruga (Efesios 5:27). Las manchas y las arrugas, si no se corrigen a tiempo, podrían impedirnos ser parte de este evento glorioso. Por ello, reconocemos que el tiempo restante antes de su Venida es un período de preparación, que incluye tanto corrección como capacitación.

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