Evangelio - vida de fe

La Ley del Pecado y de la Muerte: El destino trazado por las tinieblas


La ley del pecado y de la muerte es una fuerza espiritual que opera en el hombre natural, llevándolo a actuar en contra de su voluntad, haciendo lo que no desea y alejándolo de lo bueno (Romanos 7:14-25). El apóstol Pablo describe esta lucha interna: aunque el deseo de hacer el bien está presente, la incapacidad de llevarlo a cabo evidencia la presencia del pecado en la carne. Esta «programación» satánica actúa como un destino predeterminado por el enemigo, que debe ser roto mediante la fe en Cristo Jesús, quien nos libra de esta ley (Romanos 8:2).

La enseñanza enfatiza que el conocimiento de la ley solo nos hace conscientes del pecado, pero no nos libera de él; al contrario, puede intensificarlo (Romanos 3:20). Por eso, la vida de fe no se basa en acumular conocimiento, sino en recibir la revelación de Dios, que nos transforma y nos guía hacia Su voluntad (Deuteronomio 29:29). Esta revelación no es para llenarnos de información, sino para sacarnos del lugar donde estamos y llevarnos a donde Dios quiere que estemos.

Además, se destaca la diferencia entre intención y acción. La intención de hacer el bien, sin llevarla a cabo, no es suficiente, pues Dios mira las acciones, no solo las intenciones (1 Samuel 16:7; Lucas 15:11-32). Las intenciones, aunque ocultas, reflejan la presencia del viejo hombre y pueden ser usadas por el enemigo si no se trabajan. Por ello, la vida de fe requiere un esfuerzo constante, 24/7, para romper con esta programación maligna y alinear nuestras acciones con la voluntad de Dios.

Finalmente, la enseñanza subraya que la transformación ocurre en el espíritu, no en la mente, ya que la mente refleja el estado del espíritu (Efesios 4:23). La renovación espiritual, guiada por la revelación divina, nos permite desechar el viejo hombre, deshacer el cuerpo de pecado y liberarnos de la ley del pecado y de la muerte, para así cumplir el propósito que Dios tiene para cada uno de nosotros. En lugar de adaptar la Palabra a nuestras vidas, debemos ajustarnos a ella para establecer el Reino de Dios en la tierra.



Bendiciones,

Pastores Pedro & Yolanda Montoya


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Soy pastor y maestro de la Palabra. Vivimos en tiempos en que la gente se muestra reacia hacia el Evangelio; para muchos, los temas de fe y del Espíritu resultan intrascendentes y los descartan sin más. El mensaje del Evangelio es una invitación a volver a Dios, a confiar en su Palabra y a caminar bajo la guía de su Santo Espíritu. El Evangelio no es una religión; no entramos en el plano de la Voluntad de Dios simplemente practicando ritos creados bajo el consentimiento humano. Es fundamental entender que las reglas las establece Él, no nosotros. Somos conscientes de que Cristo Jesús viene pronto, pero no todos estamos preparados para recibirlo. Debemos recordar que no se trata solamente de estar en el lugar correcto, sino de estar apropiadamente vestidos para su Venida. Él viene por una iglesia sin mancha ni arruga (Efesios 5:27). Las manchas y las arrugas, si no se corrigen a tiempo, podrían impedirnos ser parte de este evento glorioso. Por ello, reconocemos que el tiempo restante antes de su Venida es un período de preparación, que incluye tanto corrección como capacitación.

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