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El Nuevo Nacimiento: El Lavacro de la Regeneración


La Paz del Señor.

Cuando Nicodemo escuchó de Jesús que era ‘necesario’ nacer de nuevo, como requisito para ver y entrar en el Reino de Dios, su asombro no consistió solamente en lo incompatible que le parecía al hombre ‘entrar’ de nuevo al vientre de su madre y nacer, sino, más bien, en que la expresión apelaba a un conocimiento que nunca antes había sido ejercido en el contexto de su ritual religioso.

Si nacer de nuevo fue complicado al escucharlo, más complicado aun fue oír que era necesario nacer del agua y del Espíritu, pues no sonaba a algo conocido. Y aunque se podría inferir por similitud con algunos rituales de purificación que el agua era una alegoría a los baños rituales del Mikveh, ¿a qué se podría estar refiriendo Jesús con nacer del Espíritu? Esto resultaba más desconcertante aún si consideramos que la alegoría de Jesús integraba el viento como una comparativa del Espíritu (sabemos que en el contexto griego, espíritu y viento son una misma palabra: πνεῦμά).

En la enseñanza de esta semana estudiaremos el texto de Tito 3:3-7, para analizar la forma en que Pablo enseña a un no judío sobre el valor espiritual del nuevo nacimiento, y de esa forma, permitir que nosotros podamos exponernos a la enseñanza del nuevo nacimiento no como un legado judío, sino como el derramamiento de la misericordia y benignidad de Dios hacia la humanidad.

Para nosotros, que estamos separados por siglos de distancia cultural y religiosa de estos contextos, comprender la teoría del nuevo nacimiento puede no resultar tan complicado; el verdadero desafío radica en evitar que estas enseñanzas se conviertan en meros conceptos teológicos en lugar de transformarse en una auténtica experiencia espiritual vivida.

Te invito a ser partícipe de esta enseñanza. Aunque podemos tener muchos años formando parte de una congregación, podríamos aún desconocer las profundidades de este tema.



Bendiciones,

Pastor Pedro Montoya


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Soy pastor y maestro de la Palabra. Vivimos en tiempos en que la gente se muestra reacia hacia el Evangelio; para muchos, los temas de fe y del Espíritu resultan intrascendentes y los descartan sin más. El mensaje del Evangelio es una invitación a volver a Dios, a confiar en su Palabra y a caminar bajo la guía de su Santo Espíritu. El Evangelio no es una religión; no entramos en el plano de la Voluntad de Dios simplemente practicando ritos creados bajo el consentimiento humano. Es fundamental entender que las reglas las establece Él, no nosotros. Somos conscientes de que Cristo Jesús viene pronto, pero no todos estamos preparados para recibirlo. Debemos recordar que no se trata solamente de estar en el lugar correcto, sino de estar apropiadamente vestidos para su Venida. Él viene por una iglesia sin mancha ni arruga (Efesios 5:27). Las manchas y las arrugas, si no se corrigen a tiempo, podrían impedirnos ser parte de este evento glorioso. Por ello, reconocemos que el tiempo restante antes de su Venida es un período de preparación, que incluye tanto corrección como capacitación.

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