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Derribando los Estorbos de la Fe


¡Cuántos misterios están aún ocultos en las enseñanzas del Evangelio del Reino de los Cielos! Esta afirmación podría sorprender, e incluso inquietar, a cualquier creyente acostumbrado a escuchar que todo lo que Dios tenía que revelar ya está dicho y que no hay nada nuevo por descubrir. Sin embargo, al leer pasajes como Ezequiel 47, donde el profeta describe cómo las aguas que salían del umbral de la casa del Señor alcanzaban una profundidad cada vez mayor, hasta el punto de que solo podían cruzarse a nado, nos damos cuenta de que aún existen misterios no revelados o no comprendidos que el Señor desea mostrarnos.

Para conocer estos misterios, no basta con entender la Palabra escrita de Dios; se necesita, sobre todo, fe. Comprender lo que trasciende el plano humano solo es posible por medio de la fe. Jesús, en su diálogo con Nicodemo, cuestionó esta misma actitud: “Si os he hablado de cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales?” (Juan 3:12).

Por ello, en esta serie de enseñanzas estamos descubriendo que la fe no es solo la virtud espiritual que nos sostiene para recibir lo que esperamos (Hebreos 11:1), sino también la capacidad que nos permite comprender lo que Dios obra entre nosotros. Por esta razón, es fundamental cultivar la fe, ya que, sin ella, no podremos entender los misterios de Dios ni seguir el camino que Él nos trace. Satanás conoce esta importancia y, por eso, obstaculiza el desarrollo de la fe en las personas que confiesan a Jesús.

Entendiendo esta importancia, en la enseñanza de esta semana estudiaremos acerca de los estorbos de la fe, identificando las trampas que el enemigo pone en nuestro camino para apartarnos de ella.



Bendiciones,

Pastor Pedro Montoya


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Soy pastor y maestro de la Palabra. Vivimos en tiempos en que la gente se muestra reacia hacia el Evangelio; para muchos, los temas de fe y del Espíritu resultan intrascendentes y los descartan sin más. El mensaje del Evangelio es una invitación a volver a Dios, a confiar en su Palabra y a caminar bajo la guía de su Santo Espíritu. El Evangelio no es una religión; no entramos en el plano de la Voluntad de Dios simplemente practicando ritos creados bajo el consentimiento humano. Es fundamental entender que las reglas las establece Él, no nosotros. Somos conscientes de que Cristo Jesús viene pronto, pero no todos estamos preparados para recibirlo. Debemos recordar que no se trata solamente de estar en el lugar correcto, sino de estar apropiadamente vestidos para su Venida. Él viene por una iglesia sin mancha ni arruga (Efesios 5:27). Las manchas y las arrugas, si no se corrigen a tiempo, podrían impedirnos ser parte de este evento glorioso. Por ello, reconocemos que el tiempo restante antes de su Venida es un período de preparación, que incluye tanto corrección como capacitación.

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